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Bueno hoy me he estado acordando de Garazi, ya que ahora igual estará en Londres, jej, te odio caxo warra, y me ha venido a la cabeza que ella fue la primera lectora de “Identidad” (siempre quiso ser la primera en algo, y ahora siempre será en leer el libro de principio a fin). Pues bien, estaba tumbado en el sofá pensando en que debería seguir con “Demonios Recientes”, pero la verdad es que me da pereza a pesar de que ya sé cuál es el misterio. Aun así, como me encantan los personajes, las historias y los secretos de Equesville, he decidido hacer este verano una precuela de seis partes. Y la primera parte de esta precuela es para Paige Woodard.
Bueno pues aquí está este pequeño relato que no es muy largo, pero lo escribo por si Grace tiene nostalgia de la historia y le apetece leer algo este verano.
LEER EL CAPÍTULO
Se miraba al espejo y no se veía a sí misma, o al menos ya no encontraba a la chica que había sido un tiempo atrás. Ya no era esa joven rebelde de pelo negro que escandalizaba a la ciudad con sus actos vandálicos, no, ahora Paige Woodard había crecido emocionalmente, y había comprendido que la vida no era un juego y que más le valía andarse con cuidado si no quería hacerse daño. Había visto cómo su hermana había pagado por los errores que ella había cometido, y aunque no dejaba que su sentido de culpa la deprimiese más aun, intentaba entender que debía vivir la vida que su hermana no había podido vivir. Para Paige, aquel año iba a ser un año de transición, pero también sería el último año de instituto.
Tenía 18 años e iba a terminar el instituto para pasar a la universidad, aunque antes debería hacer los exámenes de selectividad, para los cuales había estudiado más que nunca. Era irreconocible, y realmente el que hubiese estado estudiando día y noche durante semanas demostraba que ya no era la misma Paige. No, había cambiado, y ese cambio pudo llegar después del incendio o después de haberse desecho de un cadáver.
Aquella mañana Paige estaba más nerviosa que nunca, y por eso a penas pudo dormir como era debido. Se despertó cuatro veces a lo largo de la noche, y cuando llegó a la conclusión de que no podría dormir decidió darse una ducha y empezar a prepararse. Dos horas después bajó a desayunar, en donde descubrió que su padre había colgado una pancarta en la cocina para animarla, mientras que su madre la miraba con desprecio. Siempre era así en casa de los Woodard: el Sr. Woodard dándole ánimos a una hija que finalmente era tal y como él siempre había querido que fuera, y la Sra. Woodard enfurecida, porque ése era su papel, y porque era imposible de que esa mujer encontrara la felicidad, o al menos el modo de hacerle sentir mejor a su hija.
—Espero que te salga muy bien, hija —le animó su padre mientras le dejaba el desayuno en la mesa.
—Querida vas a acabar teniendo el pelo como la bandera de los gays. —Entonces cambió por completo de tema y anuncio—: Por cierto, hoy he visto a unos de esos en nuestra calle, aquí. ¿Se lo pueden creer? Porque yo no. Gays en Equesville. Es más raro que ver a Wilbur McDaniel con su familia.
—Mamá, no es raro ver gays en Equesville, ¿vale? Serán vecinos nuevos, y luego iré a visitarlos. —Paige se levantó de la mesa, porque no quería pasar más tiempo con esa despreciada mujer y terminó diciendo—: Y espero que la próxima vez se te ocurra una crítica mejor hacia mi pelo, mamá.
Paige se marchó y dejó a su madre boquiabierta y a su padre con una sonrisa en el rostro. Por fin se sentía orgulloso de su hija.
En el momento en que Paige abrió la puerta se encontró con que Will McDaniel le iba a llamar al timbre. Paige le sonrió y Will le devolvió la sonrisa. Se quedaron mirándose un rato y finalmente se dijeron «hola». Paige se acercó a Will y le besó en la boca. Se estaban besando mientras la joven intentaba cerrar la puerta de su casa.
Cuando finalmente sus labios se separaron, se subieron al coche y se marcharon a hacer el examen de selectividad.
2
Paige estaba haciendo el examen cuando de repente vio algo. No estaba segura de qué era aquello pero no le gustaba en absoluto. Era una especie de alucinación, pero sin duda aquel era el peor momento en el que podía tener una alucinación. No le gustaba en absoluto. Era como si todo el mundo se hubiese congelado, una inmensa niebla hubiese cubierto la sala y un grupo de personas estuviesen mirándola. Se pegó un buen susto, pero sabía que si gritaba, que si hacía el más mínimo indicio de que estaba viendo algo, la tomarían por loca, o el profesor pensaría que Paige había vuelto a ser quien solía ser y no había estudiado.
Así que se mantuvo callada, no dijo nada. Y escucho a lo que su alucinación tenía que decirle. La alucinación, por supuesto, había tomado el cuerpo de su hermana. Era la hermana desaparecida de Paige, Valerie, la que estaba frente a ella, semi-desnuda.
—Supongo que hiciste las cosas tal y como mamá te dijo,
Paige
pero no debes hacerle caso nunca más, ¿me entiendes? Es una mala persona, y más te vale que no le hagas caso. Ella debe pagar por sus pecados. Sabe mucho, más de lo que tú te crees, y forma parte de una compañía llamada Golden Dreams. Pero mamá no es más que una marioneta de una conspiración aun mayor. Y tú, al igual que tus amigos estáis dentro,
Paige
y no podréis salir nunca más. Sois parte de un pequeño juego. Lo peor es que todas las personas que os rodeen estarán dentro del juego también, y esas personas sufrirán. Por suerte yo ahora estoy muy lejos,
Paige
pero si quieres encontrar respuestas a todo lo que va a pasar en los próximos años, si quieres saber por qué estás teniendo esta alucinación conmigo y mis amigos —entonces de entre la niebla aparecieron tres personas más, dos chicas y un chico—. Estos son mis amigos: Aaron, Grace y Madeleine. No somos todos los que sabemos qué está pasando, pero dentro de unos años conocerás a gente que sabrá lo que está pasando,
Paige
Ya sabes, si quieres encontrar respuestas tienes que aparecer por Quelaiha Chiutla, también conocido como El Andén De Parada. Allí es donde encontrarás alguna respuesta a tus preguntas.
De repente la imagen de su hermana desapareció por completo y pudo continuar haciendo el examen, y entonces a su mente volvió otra frase: en el lago acaba el viaje.
3
Salió del examen bastante satisfecha, pensando que lo había hecho perfecto, o al menos lo suficientemente bien como para que la aceptasen en la universidad. Estuvo esperando a sus amigos, pero cuando vio que Rory y Amy se marchaban juntos, le entraron ganas de irse con su novio Will (con el que llevaba saliendo unos meses) y hacer el amor. Dios, tenía ganas de tener el mejor sexo de su vida.
Al final salió Will, y Paige le advirtió que quería hacerlo en el coche, en un lugar apartado, donde fuera, en cualquier lugar, pero que tenían que tener sexo en el coche. Y entonces se le ocurrió el sitio perfecto al que podrían irse a follar: el lago. Will condujo siguiendo las directrices de Paige y llegaron hasta un bosque oscuro, y al final encontraron un lago. Aparcaron el coche y Will empezó a meterle mano. Paige le abrió la bragueta y metió la mano.
De repente Will se le quedó mirando a los ojos y vio algo. Había algo en sus ojos que nunca antes había visto. Brillaban de una manera tan estremecedora que Will descubrió que en realidad era porque algo se estaba reflejando en los ojos de Paige: algo que venía del precipicio que estaba al otro lado del lago. Will miró a la pared del precicipio mientras Paige bajaba su cabeza hasta la bragueta de su novio. Algo estaba pasando en esa pared. Era como si hubiese empezado a brillar. Y entonces apareció una pequeña caseta en medio del lago. La casa flotaba de la nada. Will tuvo tanto miedo que perdió la erección, arrancó el coche y salió de ese lugar sin darle ninguna explicación a Paige.
Paige solamente se quedó un poco asustada, incluso sorprendida, y pensó que a lo mejor a su novio no le apetecía una felación en ese momento, pero la verdad era que pensaba que a él no le gustaba ese lugar.
1 comentario por mucho
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oooo m enkanta
comentario por garazi Julio 21, 2008 @ 8:14 pmdesde kuando se llama tu libro identidad??? no era recuerdos 2007?